Recuerdo con nostalgia aquellos televisores en blanco y negro con los cuales compartías con toda la familia algún programa de televisión, actividad en la que, de alguna manera y aunque fuera pasivamente, te reunías con todos tus hermanos y con tus papás.
Los programas eran importantes porque, al compartirlos, repercutían en la cultura popular y trascendían en el comportamiento, modas, maneras de hablar, etcétera.
Con el tiempo, los televisores se hicieron más accesibles y en los hogares ya no había sólo uno, sino que comenzaron a haber dos, tres y hasta cuatro aparatos, dependiendo de la economía.
Esto generó esa pequeña desintegración del núcleo familiar cuando ya no se reunían, sino que los padres comenzaron a ver sus programas y los niños los suyos.
Pero todavía había una constante y ésta era que únicamente se veían el canal 2, 4, 5 y 8 y poco, pero se veía, el canal 13, con lo cual todavía había una temática social que podías compartir, es decir, lo acontecido en los programas, series, novelas y noticieros alcanzaba para la plática en el trabajo, en la escuela, con los amigos y amigas, quienes de alguna manera veían lo mismo que uno y eso formaba una especie de comunión cultural, que ya no existe.
La modernidad dio paso a la televisión por cable y eso abrió el panorama y las ofertas de contenido, que con el tiempo se han convertido en una exponencial parrilla de programación que ni es compartida familiarmente ni tampoco socialmente.
Es decir, si uno ve un programa en Discovery Channel, es muy probable que ningún conocido haya coincidido al verlo, por lo que el tiempo que pasamos frente al televisor es prácticamente individual y se requieren de muchos factores para que alguien cercano lo comparta con nosotros y lo discuta.
Las telenovelas son, junto con la programación deportiva y noticiosa, los únicos productos que todavía se comparten.
Pero la inmensa oferta de contenido los va a pulverizar como hicieron con toda la demás programación, en donde series como Bonanza, Perdidos en el espacio, El túnel del tiempo, Hechizada, Mi bella genio, La isla de Giligan, Mi marciano favorito, Dallas, Los locos Adams, Los monsters y las mexicanas, como El chavo del ocho, Los Beverly de Peralvillo, Los polivoces, Siempre en domingo y tantas otras eran parte de nuestra intimidad familiar y cultural.
Hoy es casi imposible concentrar en un solo programa el interés general.
Se requiere de un Mundial de futbol o unos Juegos Olímpicos, y este año, amigos, tenemos unos, así es que comencemos a disfrutarlos ya recordar los tiempos en que el televisor era un aliado de la familia.
esteban.arce@record.com.mx
Fuente: Record Diario Deportivo
Lunes, 18 de Febrero 2008
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